AventurasFantásticas i. “Así Féuniz entendió que lo que pasaría para nada sería bueno”
Por: Divano > Ven al sitio de aventurasfantasticas
Féuniz, una aprendiz de Artimágia, corría asustadísima por el bosque polar de Litánia. Lloraba a cantaros, sin vergüenza alguna, por que algo muy malo le había pasado.
Aquella mañana, antes de despertar, un misterioso encapuchado la había asustado de un portazo.
Había sido su padre, Riztán, pero si era posible, en las más precarias condiciones en las que lo hubiera visto antes. Hacia dos días que se había perdido, como naturalmente acostumbraba desde hacía ya un buen tiempo, pero ahora Féuniz, lo hubiera preferido así, mugroso, crudo, y desaliñado.
Por que a aquel señor, parecía que lo hubieran traído como trapeador por todo el terreno, luego aventado a una jauría de animales salvajes y dejado, medio muerto, en el umbral de su casa. Féuniz había caído de su cama, aterrada por la visión, pues aquello en su puerta parecía un zombi recién salido de su cementerio dispuesto a comer. Pero entonces, un candelabro con Ayúfas, hadas luciérnagas en pleno recreo, le había iluminado el rostro.
Tampoco era que se le pareciera mucho, pero tras unos cuantos gritos aterradores fue que lo pudo conocer.—¡Padre!, ¿que tienes? ¿qué te pasó?Riztán la contempló, malherido y golpeado, pero aliviado de verla—De todo hija, de todo—le contestó, echándose la capucha para atrás y atrancando la puerta—.
Algunos descalabros, mordidas de perros salvajes, picotazos colmilludos de cuervos Ptérrors y hasta asquerosas escupidas de Acuarrános. No lo sé, que más, martillazos, hulerazos… y todo el demás costal de herramientas que se te ocurra de la policía, si que estaban decididos a asesinarme.Féuniz quedó confundida.—¿La policía? ¿Asesinarte? ¿Pues que les hiciste?… quítate eso, te limpiaré.—¡No, no hay tiempo! y tú tienes menos tiempo ¡Aléjate de mí!—¿Por qué? ¿Qué es lo que te pasa, padre?—Lo siento, lo siento mucho. Escucha esto, trata de entenderme bien a la primera, por que no te lo podré repetir otra vez.Riztán no se veía nada bien y Féuniz lo noto claramente.
Era su manera de actuar, su personalidad, se sobresaltaba de la nada. Era el terrible veneno que circulaba por sus venas. Aún así, Féuniz alcanzo a tocarle la frente.—Estas hirviendo en fiebre papá, traeré un trapo con agua.—¡Qué no! Quédate y escúchame. Tienes que irte de aquí, río arriba, a la casa de Platéo, nuestro maestro. Algo pasó la madrugada de hoy, al parecer, fue un cataclismo horrible en una capital importante del reino. Ya qué, no nos importa, sucedió lejos de aquí. Pero luego luego, el reino se levantó en protesta contra el maestro y lo inculpó sin misericordia alguna de haberlo ocasionado. Entiendes, esos malditos gusanos lo envolvieron en una conspiración muy sucia.
Se hicieron por fin de la oportunidad que tanto esperaban. Ahora, acaban de firmar en último instante, una orden de destrucción en contra de él, de Platéo.—Pero ¿cómo? ¿de que te preocupas? sabes que Don Platéo tiene la protección del encantamiento del alma de lucero. No morirá hasta que el furor de su aurora en el cielo se consuma, se podría decir que nunca, va allegar el día, pero falta muchísimo. Además, es él, Platéo, uno de los mejores magos de nuestro tiempo, sabrá cuidarse solo. Te arriesgaste demasiado por nada. —No se que vayan a planear todavía, pero lo van a hacer de alguna forma. Y lo que sé, es que han traído de la lejana Belénia al mismo Vertúsio en persona y que este ya empezó a llamar a toda su tropa de figuritas. Realmente se quieren deshacer de él. Te digo, si algo sale de esto, te aseguro que no será para nada bueno. ¡Por eso tienes que irte ya, y alertarlo!—Pero, ¿por qué tengo que ir yo? —Yo ya no puedo más, pronto mi cuerpo comenzará a desobedecerme, es la…—se detuvo, no quería contarle eso—. ¡Escúchame! hazme caso, no estoy seguro si perdí por completo a la policía… ag…A Riztán se le comenzó a voltear dramáticamente el cuello.—¡Papá!, que tienes, te sacaré de aquí…Pero Riztán la empujo con el codo y empezó como a luchar por no decir lo que empezó a decir. La voz le cambió con esto. Era un tono ronco, uno malévolo, uno muy espeluznante.—¡No! no puedes chiquilla, ahora soy una bestia, te comeré viva…Luego vomitó, volvió en sí y terminó con respiraciones profundas. Golpeó el piso con los puños.—No… no le voy a ganar a este mal…—¿Papa? Eso fue ira de maldición, te echaron una, estas maldecido ¿por qué? —…Riztán no dijo nada.¡T-A-P-A-P-L-U-N-T! Alguien, muy fuerte, golpeó la puerta de la casa. Con este ruido, llegaron todo tipo de voces y con ellas, ladridos, graznidos y atravancones por la urgencia de entrar primero. —¡Esta aquí comandante, lo huelo aquí!—¡Sal godornízo, sal ya, no te escondas como avecilla!—¡Sal Riztán, o tu hija la pagará con tigo!Féuniz comenzó a llorar.
Entendió que lo que iba a pasar, en realidad, para nada sería bueno.
Continuará…
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