El gran negocio LEGAL de los billetes falsos

quien creo el monopoly
MILLONARIO – La figura que representa al millonario en el Monopoly se convirtió en el ícono de la gente adinerada

Por: Miranda Gomez –> Haz clic aquí para leer un reporte: “Cómo hacer crecer tu negocio de forma EXPLOSIVA”

Charles Darrow, ingeniero de calefacción, tenía 42 años de edad cuando lo despidieron de su trabajo. No fue culpa de él, sino de la situación económica del país.

Era Estados Unidos en los años 30´s. Los tiempos más difíciles que se hubieran visto. Y su señora estaba esperando a su segundo hijo.

Para conseguir el sustento, Charles empezó a hacer todo tipo de trabajos. Parches de concreto. Reparación de cableado eléctrico. Arreglar techos. Plomería. Incluso pasear los perros de los vecinos ricos.

Por las noches, cansado, se ponía a imaginar. Era una forma de escapar de la realidad. Pensaba en todo lo que podría comprar si tuviera mucho dinero. A dónde viajaría. Cómo lo invertiría para que le diera aún más. Se veía a sí mismo convirtiéndose en un magnate de los bienes raíces, con propiedades por todos lados.

Descubrió que las horas que pasaba imaginando ser rico, le aliviaban bastante su frustración. Entonces una idea le vino a la mente.

Se le ocurrió que este tipo de terapia que tanto le ayudaba a él, podría ser útil para los demás. La clase media americana estaba en la ruina. Millones de personas no tenían dinero para mantener a sus familias.

Quizás, pensó Charles, a otras personas les gustaría escaparse un poco de la realidad, soñarse ricos y exitosos. Imaginar que compran y venden asas y hoteles y los rentan para que les generen dinero. Ideó un juego para hacer eso, con todo y billetes falsos de 100 dólares.

Por cierto, todos tenemos ideas, muchas de ellas, todos los días. El mismo, por supuesto. Pero a diferencia de las veces anteriores, en esta ocasión, movido por la desesperación (el miedo al qué dirán lo había perdido cuando empezó a pasear los perros de los vecinos) decidió, justo ahí y en ese momento, poner manos a la obra.

Se puso a dibujar las cartas para jugar, y con pequeños trozos de madera recolectados de los árboles del parque, fabricó dados, pequeñas casas y hoteles, y en un recorte de cartón trazó una ciudad. Usó nombres de calles reales, tomados de Atlantic City.

Cuando terminó de armar la primer versión del juego, invitó a jugar a toda la familia. Sobre la marcha, elaboró las reglas para jugarlo. A la familia le gustó, por lo que después invitó a los amigos. El juego se volvió una sensación en el vecindario.

Charles lo llamó Monopoly.

Los vecinos le empezaron a encargar copias del juego, para poder ellos jugarlo en casa, con la familia. Charles los vendía a 1 dólar cada uno. Aunque los fabricaba a mano, eso era mejor que salir a pasear perros ajenos.

La voz se corrió, y con la publicidad de boca en boca, las ventas fueron subiendo. No se daba abasto, le faltaban horas al día para fabricarlos.

Cuando Charles hubo vendido el número 100, estaba exhausto. Y la pila de órdenes seguía creciendo. Por eso, cuando un amigo que trabajaba en una imprenta se acercó a él, ofreciendo fabricarlos, Charles aceptó de inmediato.

A los pocos mese, la imprenta tampoco podía ya surtir los pedidos, que seguían creciendo aún con más fuerza.

Uno de los principios que el juego enseña es que si te extiendes más allá de tu capacidad, puedes ir a la quiebra. Charles sintió que tenía a un tigre agarrado por la cola, y decidió soltarlo.

Acudió a la empresa fabricante de juegos Parker Brothers, establecida desde 1883 en Salem, Massachusetts. Eran los más grandes del país en el ramo. Charles pensó que si alguien podía domar al tigre, eran ellos.

Sin embargo, en Parker Brothers, al revisar el juego, rápidamente le hicieron una lista de 52 “errores fundamentales” por los que, según ellos, el juego no podía tener éxito. Que tomaba más de 45 minutos en jugarse. Que debía ser simple, con reglas sencillas.

Charles regresó a casa, a seguir tratando de surtir los pedidos atrasados que tenía. Ahora ya tenía dos imprentas contratadas, pero aún así seguía atrasándose cada día más.

Cuando, en la Navidad de 1934, en muchas tiendas de regalos y juguetes le pidieron a los representantes de ventas de Parker Brother el Monopoly, la empresa se dio cuenta del error que había cometido. De repente, 52 “errores fundamentales” ya parecían algo tan malo.

Ahora, ellos fueron a buscar a Charles, ofreciéndole un contrato de regalías a cambio de los derechos de fabricación.

Charles Darrow aceptó de inmediato, firmó el contrato correspondiente, y de inmediato salió con toda la familia de vacaciones, exhausto pero feliz.

Ahora le correspondía a la Parker domar al tigre.

En un reporte interno de la compañía, un ejecutivo informa que el Monopoly, es “el mayor negocio que jamás hemos tenido aquí en Parker Brothers”. Tuvieron que subcontratar más plantas de fabricación. Más empleados administrativos. Ante la carga de trabajo, la firma de contadores que los asesoraba renunció.

Al día de hoy, la compañía lo produce en más de 20 idiomas distintos. Se han vendido más de 100 millones de juegos en muchos países… Y quizás otro tanto en versiones piratas. La empresa ha ido a juicio docenas de veces para tratar de mantenerlos a raya.

En lo que respecta a Charles, a los pocos años ya era millonario, por las regalías. Se retiró a los 46 años, apenas tres años después de haber firmado el contrato con la Parker Brothers.

No tuvo que volver a trabajar. El hombre que estaba quebrado, que tenía que sacar perros a pasear para poder llevar leche y pan a su casa, era, en tres años una persona rica. Más rico cada día, porque los cheques los siguió recibiendo el resto de su vida.

Cuando Charles Darrow murió en 1970, ahora los cheques los siguió recibiendo su viuda. Y ahora, sus descendientes. Mientras el Monopoly se siga vendiendo, ellos siguen recibiendo. Los famosos “ingresos pasivos”. El sueño de todas las personas que hoy se enrolan en una empresa de multinivel.

El contrato es secreto, por lo que no sabemos a ciencia cierta cuánto dinero ha generado para la familia de Charles su invento. Pero, revisando las cifras de venta del juego, aplicando un porcentaje de regalías típico y actualizando el poder de compra del dólar a nuestros días, entonces llegamos a una cifra cercana a los 120 millones de dólares.

Dólares de verdad, no billetes de Monopoly.

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Miranda Gomez

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