La bruja
Este es otro relato de mis abuelos, también supongo que fué pasando de generación en generación como otros que he contado.
Para muchos de nosotros en México ha sido común el escuchar relatos sobre brujas, nahuales, alushes, etc. Dependiendo de la región del país en la que hemos crecido o lo han hecho nuestros padres o abuelos.
En el caso de las brujas las leyendas y cuentos abarcan practicamente todos los estados.
Cuenta la historia que hace muchos años en algún lugar de nuestro México llegó a vivír un matrimonio. Eran aparentemente personas normales como cualquiera del lugar hasta que comenzaron a pasar cosas raras en los pueblos vecinos. El señor al cuál llamarémos Pedro en este relato era nativo del lugar, con amistades de años pero había conocido a su esposa (a la cuál llamarémos Micaela) en un viaje llevándola consigo a vivir a su pueblo.
Aquellos eran pueblos muy tranquilos de esos en donde todo mundo se conoce y nunca pasa nada, pero de un día para otro, cuando esta pareja llegó se desató una especie de epidemia en la que cada 2 ó 3 días amanecía un niño muerto sin más ni más en algún pueblo vecino.
Por más que se trataban de explicar los hechos no había respuesta. Los bebés morian sin antecedente alguno, sin síntomas ni enfermedades aparentes previas. Solamente amanecian muertos y ya.
El médico de la región no encontraba solución al caso. No había nada que sus conocimientos pudieran hacer para determinar la causa o evitar que la epidemia siguiera.
Estos hechos traian de cabeza a los lugareños. Ya les daba miedo la noche porque seguramente un bebé amaecería sin vida.
Un vecino y gran amigo de Pedro empezó a notar que a la faena Pedro siempre llevaba el mismo almuerzo. Tacos de moronga (para los que no saben, la moronga o rellena es un embutido muy común en muchos estados de México que está hecho a base de sangre y grasa de cerdo condimentados).
Pensó que esto era muy raro, por lo que empezó a hacer preguntas a Pedro sobre sus hábitos y los de su mujer. Conociendo de años a Pedro y estimándolo mucho le sugirió que pusiera más atensión en Micaela y le platicara lo que veía.
Tal como su amigo le sugirió Pedro puso más atensión y notó que siempre que él se despertaba por la mañana su esposa ya estaba despierta preparando el almuerzo, también notó con los días que guardaba un jarrito de barro en su alacena en donde a veces llegaba y depositaba un diente de maíz en él.
Al preguntarle a su esposa por qué siempre el mismo almuerzo ella lo evadía y cambiaba de tema así que tomó nota de todo y le platicó a su amigo.
Su amigo sospechando de los hechos preparó un plan y le dijo a Pedro que esa noche espiara a su esposa porque seguramente era la bruja que chupaba a los niños, pero para no tener dudas tenía que ver lo que pasaba con ella por las noches.
Tal como acordaron, esa noche que fueron a acostarse Pedro y Micaela, el fingió haberse dormido profundamente como siempre lo hacía. A los pocos minutos, sintió que ella se levantaba, se vestía y cuál sería su sorpresa y gran susto al ver que Micaela se quitó una de sus piernas y la dejó recargada a un lado del fogón. Después salió de la casa y luego de algunos ruidos raros se desapareció.
Pedro todavía impresionado con lo que pudo ver en la penunbra se levantó de su cama y se dirijió al lugar donde ella colocó su extremidad y ya sin dudas de que era verdad lo que su amigo sospechaba tomó la pierna de Micaela y la arrojó al fuego.
Como si nada se dirijió a la cama y se acostó. Al rato, ya casi amaneciando escuchó a su esposa regresar, pero fingió seguir dormido.
Cuando amaneció, Pedro se levantó y aparentó no saber nada y preguntó a Micaela:
- Mujer, por qué no te has levantado el día de hoy ?. Ya se me hace tarde para la faena y no me has preparado mi almuerzo !.
Ella le respondió: – Lo que pasa es que me siento mal. Seguramente estoy enferma de algo.
- Pues anda levantate y te llevaré al doctor.
- No, no te preocupes, vete a trabajar y yo al rato estaré mejor.
El insistió y dirijiéndose a la cama jaló las cobijas seguro de lo que iba a encontrar y efectivamente, Micaela no tenía la pierna que él quemó.
Tomó una cuerda amarró a su esposa sacándola de su casa enbravecido, gritándole:
- Ahora vas a ver bruja desgraciada, me lo vas a confesar todo.
La historia termina en que Micaela confesó que ella era la bruja y que la moronga que almorzaba Pedro todos los días era la sangre de los niños que ella mataba. Cada grano de maíz que ella guardaba en su jarrito era el alma de un bebé asesinado.
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