La leyenda del baile

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 Esta ocasión contaré otra historia de la abuela. Sin duda es un poco más folklorica que el relato anterior sobre la bruja.

También es una leyenda urbana o mejor dicho, leyenda rural porque nuestro México está lleno de historias como ésta que se han transmitido de generación en generación en la privincia.

Muchas de ellas seguramente inventadas por los padres o madres para educar a los hijos desobedientes, pero que sin duda eran mejor método que los usados ahora para conservar los valores familiares.

 La historia empieza en un pequeño pueblo de hace muchos años y es protagonizado por una muchacha a quien llamaremos Maria.

 Resulta que esta jóven era muy afecta a los bailes y a la fiesta y como en muchos lugares de provincia aún en nuestros tiempos, se usa mucho que cuando es el baile de un pueblo se reunen los jóvenes de poblados vecinos.

 En esta ocasión era la fiesta del Santo Patrono del pueblo vecino de donde Maria era originaria, así que al oir del baile en seguida se perfilo para asistir. La mamá de Maria por más que hacía para que su hija dejara la fiesta simplemente no podía y eran en vano todos sus sermones, así que ésta vez no fué la excepción.

 Por más que trató de impedir que su hija se fuera al pueblo vecino Maria se le escapó y ni el polvo le vío.

La madre volvió a quedarse con el Jesús en la boca como siempre que Maria escapaba por las noches debido a los peligros normales que éste tipo de bailes inplican para una Jóven sola y más aún que Maria no estaba de mal ver.

 En fin, que la muchacha terca se fué a pie caminando entre veredas y montes ya que no había coches en su pueblo en esos tiempos. Cuando mucho habían carretas, burros o caballos.

 Alfin llegó al baile preguntando y a señas por allá en un solar en las afueras del pueblo. De hecho estaba retirado. Se le hizo extraño, pero eran más las ganas de llegar al baile que otra cosa, así que sin chistar caminó y caminó hasta llegar a un casco de hacienda que estaba al despoblado por allá entre los huizaches.

 María sin pensarlo se encaminó y entro justo cuando la música empezaba. Ya había gente dentro del lugar y todo era fiesta y diversión esa tarde. Poco a poco se fué haciendo de noche y Maria no tardó en encontrar compañía, así que no paro de bailar y darle vuelo a al hilacha.

 Se fueron consumiendo las horas y cuando acordó ya era muy noche, así que pensó en seguir la fiesta hasta que amaneciara y poderse regresar.

 Cuando pasaba la media noche ella estaba tan metida en el bailongo que el broche que traia de adorno en el pelo se cayó al suelo y tuvo que agacharse a recogerlo. Justo en ese momento al voltear abajo vio los pies de su acompañante y cual sería su sorpresa que lo que vió no fueron un par de botas, sino que se encontró con un par de grandes pesuñas en su lugar.

 Grito de la impresión pero al voltear a su alrededor todas las personas en el baile tenían pies de animales. Veía pesuñas y patas de gallo y perro por todos lados. Corrió y corrio en la obscuridad hasta el pueblo.

Al otro día contó su aventura a todo el mundo sin que nadie le creyera, incluso dias después regresó al lugar con cuantos pudo convencer de acompañarla.

 Por más que buscó y buscó por el rumbo nunca pudo encontrar la casona aquella. Las personas de por ahí juraban que jamás habían visto tal lugar.

 María dejó la vida de excesos y se convirtió en la cristiana más devota de su pueblo.

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