Los cristeros, Calles y el catolicismo mexicano

Autor: PATRICIA ESCANDÓN

MAS SOBRE LOS CRISTEROS

Desde la expedición de la Constitución de Querétaro en 1917, el Episcopado mexicano no quedó conforme con los artículos 3º, 5º, 27º y 130º de esta carta magna. Por tal motivo, primero con Carranza y después con Obregón, empezaron a suscitarse conflictos entre las autoridades civiles y el clero. La Iglesia, como tradicional defensora de los bastiones derechistas y como detentadora de privilegios, no estaba dispuesta a permitir que se le ultrajara de esa manera.

La contraofensiva estuvo a cargo de organizaciones protofascistas como la llamada Asociación Católica de la Juventud Mexicana, creación del jesuita francés Bernardo Bergöend. En ella, los jóvenes aprendían el desprecio a la democracia y trabajaban por la restauración del poder temporal de la Iglesia, perdido a manos de protestantes, judíos y masones.

En 1924 Plutarco Elías Calles asume la primera magistratura del país, teniendo ya fama de ser el político más anticlerical de todo México. Calles se propuso cumplir rigurosamente con los artículos constitucionales que afectaban a la Iglesia. Al mismo tiempo decidió afectar a las compañías norteamericanas que invertían en el país al declarar retroactiva la Ley de Nacionalización de Tierras. Su política en los primeros años le empezó a acarrear problemas en dos frentes.

La creación de una Iglesia católica apostólica mexicana y la persecución sistemática del clero provocó hacia 1925 la aparición de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, siempre bajo la dirección del padre Bergöend. Ésta se proponía encabezar una resistencia a las disposiciones de Calles, y fue en esta época cuando se empezaron a registrar actos terroristas que violentaban la situación. Hacia 1926, con la publicación de la Ley Calles (registro de iglesias, suspensión de funciones para los clérigos extranjeros, prohibición al clero de exteriorizar opiniones políticas, etcétera) se avizoraba el estallamiento del conflicto.
Mientras tanto, el Episcopado mexicano no acababa de definir una postura uniforme. Por una parte estaban los prelados partidarios de la moderación, con el arzobispo de Morelia, Leopoldo Ruiz y Flores, y el obispo de Tabasco Pascual Díaz como dirigentes. Por la otra, el grupo de obispos radicales, con el arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y Jiménez, el obispo de Huejutla José de Jesús Manríquez y Zárate y el arzobispo de Durango José María González y Valencia. El Vaticano asumió en un principio la postura de los radicales, pensando que una intervención de los Estados Unidos a favor de la Iglesia facilitaría la solución del conflicto .
En febrero de 1926 Calles ordenó…  continua aqui

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