Para no tener hijos adictos
Publicado por: Patricia Sandino Ch.
(Parte II)
Autocuidado: Es necesario estimularlo, mostrarle su cuerpo como templo del amor propio y que, por consiguiente, necesita y merece ser cuidado mediante una sana alimentación, ejercicio y alejamiento de cosas que le hacen daño: exceso o carencia de alimentos, el cigarrillo, la automedicación, el alcohol y las drogas. No es necesario caer en detalles, sólo reforzar conductas positivas para crear una idea de lo que es adecuado o no para su salud y su vida en general.
Expresión de sentimientos: Es indispensable estimular en las hijas y los hijos la expresión de sentimientos. Ellos necesitan saber la forma de hacerlos sentir. Esto valida sus sentimientos y les da tranquilidad y confianza en sí mismos. Ayudarles, además, en la adecuada expresión especialmente en el enfado, la tristeza y el temor, para que no se conviertan en autoagresión.
Los sentimientos también dan indicios de las necesidades de los hijos y los momentos que están atravesando en sus vidas. Si los padres están atentos y permiten que sus hijos los manifiesten en forma sana y segura, podrán observar cambios de comportamiento y les darán su apoyo para atravesar circunstancias difíciles en sus vidas. Debe enseñárseles a reconocer las tensiones emocionales, físicas, y a manejarlas de manera constructiva, conociendo diferentes formas de hacerlo. Esto creará recursos interiores que les ayudarán a no buscar en la droga una evasión.
Autoridad: Niñas y niños necesitan normas claras y límites que rijan sus acciones en la forma de comer, de actuar, de relacionarse con los demás. Como son restricciones que posibilitan el crecimiento personal, ayudan en el proceso de independencia, autonomía y manejo del placer. Cuando un niño o un adolescente aprenden a aplazar su deseo inmediato e impulsivo, pensando en función de lo que le conviene a él y a los demás, va ganando en madurez psíquica y afectiva, en libertad y en capacidad de saber distinguir lo que le conviene.
Responsabilidad: Naturalmente, deben aprender a ser responsables, a luchar por sus ideales y a asumir las consecuencias de sus actos, todo esto para formarse una imagen personal sólida. Las responsabilidades entregadas deben aumentar gradualmente, asegurándose de que sean capaces de cumplirlas.
Formación de la conciencia moral: Existe una sabiduría necesaria para vivir: saber que unas cosas convienen y otras no. Cada familia tiene su código de valores; es importante detenerse a mirar bajo qué parámetros está construida y si hay que modificarlos o no. Inicialmente a los menores hay que transmitirles los valores morales como si fueran normas, pues no distinguen una norma de un valor, pero luego han de convertirse en principios que constituyan la estructura básica de su persona. Son la guía referente de lo que conviene en el momento de tomar una decisión. Esa conciencia es lo racional, lo contrario a actuar impulsivamente.
Aspectos como la comunicación honesta la capacidad de tomar decisiones y resolver conflictos, el amor y el apoyo constante e incondicional, dedicarles tiempo de calidad, ayudarles a manejar adecuadamente el tiempo libre, estimulando actividades educativas, culturales, deportivas y recreativas, son importantes para criar hijos sanos, con capacidades y estructuras internas que les permitan saber decir no a las drogas.
Sí, es importante hablar con los hijos desde edad temprana sobre las drogas, sus consecuencias, el porqué algunas personas la consumen, cómo afectan al organismo, a las familias y a sus vidas enteras. Por supuesto que en este rubro está preocuparse por el comportamiento y los valores de los amigos de hijas e hijos.
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